Fábula de la liebre y la tortuga

La fábula de la liebre y la tortuga

Haz las cosas poco a poco y con cariño.

Es una frase que uso frecuentemente y te diré por qué.


En educación numerosos padres y madres se sienten angustiados porque tienen la auto-exigencia de querer hacerlo todo muy bien, y en el momento que las cosas no les funcionan como ellos esperan caen en un pozo oscuro de pensamientos donde lo más liviano que se dicen es “esto es un desastre y lo estoy haciendo muy mal”.

Pasamos de la perfección al más absoluto desastre demasiado deprisa, sin darnos cuenta que está inmediatez en los resultados impide precisamente en el objetivo final que perseguimos. Si tratas frecuentemente con niñ@s e intentas educarlos deberás tomar consciencia que se enseña poco a poco, tratando bien al educando y tratando el error con cariño.

Y el mayor enemigo serán las prisas.

Las rutinas, las normas que nos permiten establecer un marco de convivencia, los buenos hábitos, el estudio diario, etc…, debemos implementarlos poco a poco y siendo constantes, no dejándonos caer en la desesperación cuando las cosas no funcionan como esperamos, y siendo consciente que cualquier cambio que nuestros hij@s perciban que pone en cuestión el «status quo» existente reaccionarán portándose peor o siendo más rebeldes.

No desesperes y se consciente que es parte del proceso, es una de las posibles consecuencias ante el cambio que estamos introduciendo y será momentánea, recíbelo como una señal de que vamos por el buen camino y no te desesperes a la primera de cambio.

La fábula de la liebre y la tortuga es un buen ejemplo de como el castigo, el grito, el ordeno y mando puede darnos réditos a corto plazo, pero si queremos tener verdadero impacto en nuestros hij@s debemos ser la tortuga, teniendo claro el objetivo final de nuestras acciones y siendo constante en el tiempo, aunque a veces pensemos “¡esto no funciona!”.

No te desanimes por el ruido, el final de nuestro objetivo es la meta, y para eso deberemos ser pacientes y tratar las diferentes rocas que, sin duda, encontraremos en nuestro camino con el máximo cariño posible, simplemente retíralas y continúa.

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